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Construyendo desde abajo. Acción anarquista en los Estados Unidos

by ALB
Alas Barricadas
September 9th, 2012

Entrevista con Scott Crow, activista del colectivo Common Ground Traducción de alasbarricadas.org

El colectivo Common Ground se formó para proporcionar ayuda básica [agua, comida, asistencia sanitaria,...] al barrio de Albiers de Nueva Orleans tras el huracan Katrina.

Posteriormente sus esfuerzos se vieron orientados a ayudar a los habitantes de la ciudad a volver a sus áreas de residencia. El proyecto involucró a miles de personas, lo que convierte a Common Ground en la mayor organización de inspiración anarquista de las últimas décadas en los EE. UU. Recientemente han reactivado el envío de ayuda a Nueva Orleans debido al huracán Isaac, formando el colectivo Occupy Isaac junto a Food Not Bombs, Occupy New Orleans y otras organizaciones locales.

Traducimos la entrevista que realizó Jonny Gordon-Farleigh para la revista Stir a Scott Crow, co-fundador del proyecto, con motivo de su libro Black Flags and Windmills: Hope, Anarchy and the Common Ground Collective [Banderas Negras y Molinos de Viento: Esperanza, Anarquía y el Colectivo Common Ground]. En la conversación Scott reflexiona sobre su experiencia en Nueva Orleans, algunos problemas que surgieron y en qué medida el movimiento Occupy se enfrenta a desafíos similares.

STIR: Al comienzo de tu nuevo libro, Black Flags and Windmills, citas la más famosa frase de June Jordan: “Nosotros somos a quienes hemos estado esperando”. ¿Crees que cada vez más personas están empezando a verse a sí mismas como la palanca para el cambio social en lugar de esperar que éste les sea entregado por las élites políticas, evitando así las decepciones clásicas que acompañan, tal como recientemente escribió Cornel West, a la “elección” de expertos y políticos como salvadores?



Scott Crow: Bueno, no creo que ésta sea la primera vez, pero sí la primera en mucho tiempo. Odio decirlo, porque no me gusta volver la mirada a esa época, pero es probablemente la primera vez desde los años 60 y 70 que la gente siente que la política falla desde hace tiempo y que eso les afecta. Hubo grandes movimientos por la autodeterminación/control de la comunidad en las luchas de liberación nacional de los años 60 e incluso en los movimientos antinucleares de los años 70.



Al comienzo del nuevo milenio, tuvo lugar la gran revuelta del movimiento altermundialista de los años 90 y principios de 2000, que organizó la primera red internacional de solidaridad, pero se calmó rápidamente debido a los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001 —No es momento de desarrollar esto plenamente. Sin embargo, creo que lo que está sucediendo hoy en todo el mundo es resultado de estos movimientos. Creo que el fracaso de la guerra contra el terrorismo, las guerras contra los pobres, las guerras en todo el mundo, lo que sucedió en Nueva Orleans, y el colapso financiero mundial, todo representa un fracaso tras otro de los gobiernos, lo que ha erosionado la últimos vestigios de credibilidad a la idea de que el Estado o las corporaciones iban a ayudar a la gente común. Creo que históricamente hemos tenido corrientes de resistencia y que han surgido a la superficie en la crisis —también ha habido 20 años de creciente organización anarquista en los Estados Unidos, y globalmente, por todas partes se está desarrollando un montón de organización.



La cuestión es que creo que la gente se lo cree de verdad de nuevo —que somos los que hemos estado esperando, y yo añadiría que la historia es ahora. Lo mejor no ocurrió en el pasado. Están pasando ahora, a medida que lo hacemos. Creo que eso es un cambio fundamental en la actitud de la gente. Porque creo que la gente, en los Estados Unidos, todavía tenía cierta esperanza en Obama, porque [su elección] fue importante de cierta forma. A mí también me conmovió también, y personalmente no me preocupa la política electoral para nada —pero me emocioné por la idea de lo que estaba ocurriendo, a pesar de tener mi propio análisis al respecto. Pero creo que los habituales fracasos de gestión continuaron durante su administración, y ciertos aspectos han ido todavía a peor como la invasión de la privacidad y la guerra contra el terrorismo, ese es el motivo por el que ha surgido el “movimiento de movimientos” que supone el movimiento Occupy, en los Estados Unidos Estados Unidos y en todo el mundo.



También es algo cíclico donde las cosas van y vienen. Habiendo estado involucrado en movimientos políticos desde hace más de 20 años he visto que las cosas suben y bajan. Pero nunca había visto nada a la escala que estamos viviendo ahora —y eso es inspirador.



S: Una de las imágenes de las que más abusan las películas post-apocalípticas —donde el Estado y otros grandes organismos bien son incapaces, bien no están dispuestos a ayudar a la población— es la presentación de una comunidad indefensa que es incapaz de dotarse de los servicios esenciales. ¿Puedes decirme de qué manera las comunidades con las que trabajó el colectivo Common Ground tras el Katrina en Nueva Orleans son un contraejemplo inspirador de esta visión? 



SC: Preguntando primero: “¿Qué apoyo necesitan? Y ¿Cómo podemos ayudarle a construir su propio poder dentro de una comunidad? Bloque a bloque. Barrio por barrio. Comunidad tras comunidad.” Decir que la gente estaba indefensa no es cierto. Lo cierto es que no contaban con los recursos, pero tenían las habilidades, el conocimiento, tenían un análisis al respecto; sólo necesitaban apoyo para hacer que sucediera. Así Common Ground en Nueva Orleans, de distintas formas, fue capaz de proporcionar apoyo sin hacerse notar demasiado —pero apoyo que incluía análisis. Estábamos tratando de brindar apoyo para construir poder político y autodeterminación para estas comunidades, no para nuestro propio poder político.



El gobierno no lo vio venir porque es muy grande y burocrático. Tuvimos una organización horizontal y también redes en las que podíamos confiar. Allá donde fuimos pudimos ser realmente eficientes y flexibles porque no teníamos grandes jerarquías ni exceso administración. Si alguien veía una necesidad en una comunidad, se preguntaba a la necesidad si quería ayuda, en caso afirmativo se iniciaba el proyecto. O bien, cuando veíamos una necesidad, como el cuidado de la salud, la iniciábamos. No teníamos que esperar a una orden de una cadena de mando.



Encontramos una pequeña rendija por la que podíamos entrar en estos espacios. El sueño inicial era crear zonas autónomas, como las zapatistas, pero no fuimos capaces. Pero desligitimamos al estado en todo momento. No sólo a los gobiernos. También a la Cruz Roja, que tenía fallos fundamentales, y tenía que rendir muchas cuentas, especialmente durante las primeras semanas. El hecho de tratar a la gente de forma digna y respetuosamente, de ir allí donde estaban, fue muy importante. En lugar de verlos como víctimas, los vimos como gente que había perdido el sentido, simplemente los levantábamos y les decíamos: “Hey, vamos a ir hacia adelante”.



S: Vuestra máxima era “solidaridad, no caridad”. ¿Cómo se asegura un grupo externo que no se convierte en una vanguardia —por muy bienintencionada que sea— al pensar que sabe lo que es mejor para la comunidad que viene a apoyar? 



SC: Mentiría si dijera que no lo hicimos. Creo que es una mezcla —algunas cosas que hicimos eran pura solidaridad, y otras las típicas de una asociación caritativa. Cuando la gente se moría de hambre, no nos limitamos a decir: “Oye, os daremos de comer”. También preguntábamos: “¿Tienes hambre? ¿Es porque no hay educación equitativa por aquí? ¿Porque no hay puestos de trabajo decentes por aquí?” Eso es solidaridad: Decir que no hay comida en su zona no sólo a causa de la tormenta, sino también por una larga historia de desastres que venían sucediendo desde décadas —por la negligencia y el abandono que sufrían estas comunidades. Y por eso decíamos que les ayudaríamos a proveerse de su propia seguridad alimentaria local, vamos a proporcionar un acceso cercano a servicios básicos de salud, y vamos a proporcionar capacitación para el trabajo. Estas cosas son todas las medidas encaminadas a aliviar la pobreza. Pero ¿significa eso que es lo que hicimos con todos y cada uno de los programas que desarrollamos? No. Algunos eran simples tiritas, porque el Estado dejó de hacer lo que se supone que “debe hacer”. Así que hubo momentos en que simplemente proporcionábamos ayuda, ya que era necesaria —Recuerda que hubo situaciones de vida o muerte en las primeras semanas y meses, y que teníamos que hacer tanto lo que podíamos, porque de no hacerlo, nadie lo hubiera hecho.

Todo este trabajo se encontró con diferentes retos, éxitos e incluso fracasos. Debes entender que en todo lo que llevamos a cabo, incluso con las mejores intenciones, nosotros mismos éramos a menudo nuestros peores enemigos. Esto, inmersos en la crisis que nos rodeaba, y añadiendo las intimidaciones y amenazas abiertas del Estado.



Pusimos en pie una organización basada en los principios horizontales que yo diría es la organización de inspiración anarquista más grande en la historia moderna de EE.UU.. Empezamos con unas cuantas personas que se conocían entre sí, pero creció tan rápidamente que tuvimos que aprender en el camino. Quiero comentar un segundo algo muy importante. A pesar de que aspirábamos a ser anarquistas y horizontales de muchas formas, también hubo mucho de organización tradicional que incluyó estructuras jerárquicas. Fue una mezca de las dos, debido a las tendencias de las que provenía la gente, de los pensamientos de cada uno y de los niveles de habilidad que poseíamos.



En Estados Unidos tenemos una naturaleza política muy reaccionaria y con muy poca práctica, en términos de práctica anarquista. Las ideas anarquistas en realidad sólo han surgido de nuevo a la superficie hace 10 a 12 años —en los últimos 90 y en el cambio de milenio. Por lo tanto, no hay gran experiencia práctica en organizaciones a largo plazo y estas cosas jugaron en nuestra contra. Claro, teníamos un montón de fracasos en el camino, pero nos dimos cuenta de que si de manera consciente aprendíamos de ellos, era de esperar que pudiéramos prevenir a otros movimientos de repetir los mismos errores. Hubo algunos retos que no pudimos solventar, porque eran muy grandes y porque crecimos muy rápidamente. Sin embargo, había muchas cosas que podríamos decir, “Nosotros nunca vamos a hacer eso otra vez”. La cuestión es que no quiero mirar a través de gafas con cristales de color rosa, que nos digan que todo fue perfecto, pero tampoco fue horrible. Los movimientos siempre empiezan a verse mejor en retrospectiva, a través del espejo retrovisor mientras te alejas.




S: La toma de decisiones de forma horizontal ha adquirido una mayor relevancia debido al movimiento Ocuppy, pero como Marianne Maeckelbergh argumenta en el caso de Occupy Wall Street, debido a la “gran disparidad en términos de experiencias previas, puntos de partida, objetivos y estilos discursivos” de los participantes en las asambleas generales, rápidamente llegó a ser muy complicada. Esta descripción parece sintonizar con la experiencia de los voluntarios que llegasteis a Nueva Orleans. ¿Cómo asegurasteis que la organización mantuviera estos valores al mismo tiempo que animabais a aquellos que podían no estar acostumbrados al modelo de toma de decisiones horizontal para continuar con su participación? 



SC: Tuvimos un éxito desigual. Creo que se puede comparar con el movimiento Occupy, porque muchas de las personas involucradas provienen de ideas diferentes. Una diferencia respecto a nosotros, sin embargo, es que tuvimos una gran organización, pero también un colectivo cerrado, mientras que los campamentos Occupy sólo cuentan con grandes asambleas generales. También cambiaba de una semana a otra y de un mes a otro, incluso de reunión a reunión, lo bien que se moderaran y lo bien que se utilizaran en ella los principios de unidad, y cuánta experiencia tuvieran los participantes antes de llegar.



Podíamos tener dos semanas completas de reuniones muy buenas y luego tener dos semanas de reuniones terribles que eran atroces. Siempre hubo diversas tendencias en torno a cómo organizarse y en la organización siempre había una tensión que iba y venía, pero yo diría que, en última instancia, si le preguntas a los 20.000 voluntarios que formaron parte de Common Ground en los primeros tres años y medio cuan horizontal era, o lo bien que funcionó, la respuesta dependerá de cuándo esa persona entró y salió.



Ahora, en cuanto a tu pregunta acerca de permitir voces de quienes no están habituados en la toma de decisiones horizontal, no lo hicimos. Tuvimos que marginarlos principalmente debido a la crisis y también por el tamaño de la organización. Hay que entender que en una semana tendríamos 5.000 personas dentro de la organización. Podría haber 200 a 300 personas en cada reunión, 100 coordinadores en el núcleo del colectivo, y 150 proyectos en marcha. Algunos proyectos actuaron como grupos de afinidad y los hubo que funcionaron muy bien porque había un montón de práctica y confianza entre los participantes. Otros grupos fueron completamente disfuncionales.



Una de las cosas que intentamos hacer era crear un conjunto de valores y cultura común. No siempre funciona bien y el conjunto explotaba continuamente, así que teníamos que rearmarlo de nuevo juntos. También tuvimos que reinventar estos valores y principios fundamentales según iban cambiando los voluntarios y pasaba el tiempo. Una cosa que me llevé de ahí, y que concierne en algo al movimiento Occupy, es que tenemos que cambiar la forma en que funcionan las asambleas generales. Mientras que las asambleas generales son buenos para compartir experiencias no lo son tanto como una reunión de valores comunes. Tenemos que dividirla en grupos más pequeños y averiguar qué afinidades tienen unas personas con otras. Un ejemplo, aquí en Occupy Austin, Texas, es que algunos de los participantes todavía quieren votar a Ron Paul, otros sólo se preocupan por las deudas de los estudiantes, y algunos de los participantes sólo se preocupan por poner fin a la Reserva Federal. Si bien, pueden tener valores comunes, como que todo el mundo debería tener aire y agua limpios, esto no es suficiente para reunirse conjuntamente. Así que, ¿Qué pasaría si estas personas se dividieran en grupos de afinidad, donde tendrían una voz, y entonces podríamos empezar a trabajar conjuntamente con un modelos de comités de vocales para encontrar cómo queremos resistir a los sistemas actuales y el modo en que queremos crear nuevos sistemas.



Es un problema continuo en grupos abiertos, siempre tenemos que reinventar la rueda para estas cosas.



S: Me sugiere la idea de diferencia entre democracia formal y democracia sustantiva. Marianne Maeckelbergh habla críticamente en su artículo más reciente sobre Ocuppy Wall Street, de los supuestos básicos que muchos de los participantes mantienen [por ejemplo, la escasez]. Por lo tanto, estamos partiendo de un gran legado de la lógica capitalista y llevándolo a una organización formalmente democrática [asamblea general]. Mientras, el movimiento altermundista se ha centrado en el “cómo” de la toma de decisiones, pero ha restado importancia de alguna forma en el “qué” de esas decisiones — Sobre lo que estamos decidiendo en la práctica.



SC: Estoy totalmente de acuerdo. Lo que pasa es que la gente confunde el proceso con la “democracia” y piensan que si se procede de forma excelente y la voz de todo el mundo se ha escuchado, entonces es necesariamente democrática. Bueno, esto no es cierto. Por otro lado, todo esto requiere práctica —en nuestra vida cotidiana todos tenemos jefes, caseros, cargos electos y empresas que tratan de vendernos mierda o nos dicen qué hacer. Por lo tanto, la cuestión es que la toma de decisiones democrática y participativa requiere práctica.



He estado en más de 22 campos de Occupy y es un tema común que depende de la respectiva comunidad y el nivel de participación, interés y tiempo de trabajo conjunto que todos ellos han tenido. Así nos pasó en Nueva Orleans, también hemos tenido esa crisis, así que realmente tuvimos múltiples crisis. A veces teníamos que forzar las decisiones para conseguir que sucediera algo y fue la experiencia más horrible, porque era antidemocrático. A veces, sin embargo, estábamos hablando de situaciones de vida o muerte en la vida real que importaban más que las voces de todos. Pero una vez más que era difícil tomar decisiones en las asambleas generales con gente que acaba de llegar de la calle y cuya opinión tiene el mismo valor que los que llevaban allí día tras día durante meses. Dar importancia a todas esas voces no es necesariamente más horizontal, más funcional o democrático.


S: ¿Te encontraste con que los activistas experimentados aceptaban estas presiones en el proceso de toma de decisiones? 



SC: No. ¡Algunos ideólogos dijeron que éramos la organización menos anarquista que había existido! [Risas] Si te fijas en mis escritos de la época, escribí varios comunicados para responder a preguntas y cuestiones. Hablas de puntos de partida y muchos anarquistas y antiautoritarios trajeron una enorme cantidad de prejuicios sobre el anarquismo a Common Ground, y me encontré que eran tan problemáticos, si no más, que los que no tenían ninguna experiencia. Era un problema, ya que decían: “No lo estáis haciendo bien”, a lo que yo respondía, “¿En cuántas organizaciones has estado y cuántas situaciones como ésta has vivido?” La respuesta era: “Nunca”, y yo decía:“Entonces, ¿Cómo saber si es correcto o no?” Y terminamos cortando con gente por cosas de estas. Un ejemplo de esto es cuando un grupo de chicos quería servir solamente comida vegana. Era noble y hermoso, pero la gente que vivía en Algiers no era vegana y era en su comunidad en la que estábamos. Así que estos chicos se pusieron en huelga en nuestra contra porque nos consideraban autoritarios. Debo decir, que no les impedimos servir comida vegana, pero sí servir únicamente comida vegana. Y no tenían porqué estar en la cocina, ¡había un montón de otros proyectos que necesitaban atención!



S: En Black Flags and Windmills [Banderas Negras y Molinos de Viento] te refieres a la “revolución cotidiana” zapatista como una fuente de inspiración y experiencia. Tu propio enfoque refleja esta política de “día a día”. ¿Crees que esta “nueva impaciencia” para una mejor hoy en día está empezando a sustituir a las promesas abstractas de un mañana mejor? 



SC: Por supuesto. Un par de ejemplos de esto es el hecho de que hay más trabajadores en cooperativas que nunca; hay más grupos indígenas intentando recuperar sus tierras desde la creación del moderno estado-nación. Hay grupos de consumo locales y de monedas locales. Los bancos, corporaciones, gobiernos unilaterales mundiales como la OMC son demasiado grandes para caer, pero sin embargo todavía caen gobiernos constantemente, son indicios de que algo está empezando a suceder.



El hecho de que el anarquismo como tendencia, como idea, como filosofía, ha ganado terreno en Estados Unidos, y yo también diría en Europa, más de la que ha tenido en mucho tiempo, muestra que la gente está abierta y deseosa de que se habran puertas como esta.



No estoy seguro de cómo os habéis organizado políticamente en Europa, pero aquí, incluso cuando empecé a identificarme como anarquista en los años 90, y especialmente en Texas, de donde soy, ser anarquista no molaba. Era muy extraño y muy difícil de explicar a la gente —y estoy hablando de gente de izquierda. El comunismo y el socialismo era muy fáciles de explicar, pero explicar el anarquismo era muy difícil, y declararse anarquista era casi una palabrota. Si nos fijamos ahora, ya no ocurre —hay artículos en la prensa convencional sobre el tema. Hay debates acerca del anarquismo e incluso se ha convertido en una mercancía en las tiendas. Estas cosas demuestran que la gente quiere depender de sí misma en cooperación, sin ser consumidora o votante. Creo que es muy importante e indica que estamos avanzando hacia proyectos prefigurativos.



¿Hace esto todo perfecto hoy o mañana? No, porque todavía tenemos la cultura y la política reaccionarias [como he mencionado antes]. Hasta que empezamos a soñar con futuros más grandes y comencemos a plantear estrategias para avanzar hacia esos futuros, estaremos atrapados en una trampa reaccionaria o construyendo únicamente en lugares muy pequeños.



Creo que una de las cosas que ha pasado en nuestros movimientos es la extensión de las ideas anarquistas, y esto es anarquismo “de pequeña a” —No estoy hablando de todas las tendencias del anarquismo, donde no estamos construyendo movimientos de masas, sino más bien de movimientos de movimientos. Esto es muy parecido a lo que hicimos en el movimiento altermundialista, pero mucho más claro ahora. Los grupos Occupy de los EE.UU. [y posiblemente en todo el mundo] reflejan lo siguiente: que se unifican en algunos aspectos, pero son en realidad un movimiento de movimientos. Este es un proceso que nunca hemos tenido en este país antes y ahora el siguiente paso es que nos preguntemos: “¿A qué queremos que se parezca ese mundo justo y sostenible?”. La cuestión a la que siempre hago referencia es que mientras siempre podemos oponernos al capitalismo hasta que realmente no nos centremos en la construcción de mundos mejores para todos nosotros, siempre vamos a estar luchando contra las cosas que están socavando nuestras vidas. Si queremos que la gente abandone el capitalismo, entonces tenemos que crear algo mejor y mostrárselo. No creo que las cooperativas de trabajadores sean la respuesta, pero son un paso en la dirección correcto. No tengo las respuestas, pero tenemos que empezar a hacer estas preguntas. A continuación, todos podemos pensar en nuestros futuros y comenzar a hacerlos realidad.



S: Esto me recuerda el dicho, “se hace camino al andar”.

SC: Por supuesto. Lo repito constantemente. Para mí la belleza de un movimiento como el de los zapatistas reside en el hecho de que no tienes porqué tener la respuesta. Sólo tienes que saber que hay algo mejor y luchar por ello —incluso si es diferente de lo que se pensó originalmente.



S: Para finalizar, en su reciente gira So We Stand [así resistimos], Justice Aviation [colectivo que alerta sobre los peligros de la aviación] dijeron: “Una comunidad saludable es algo radical”. Como activista experimentado, ¿Cómo describirías una comunidad saludable? 



SC: A nivel individual es la capacidad de cuidarse a sí mismo y reconocer que los caminos revolucionarios llevan mucho tiempo. Es el mantenimiento de buenas relaciones con los demás, el acceso a atención médica y comida sana. Es también el reconocimiento de que no siempre tenemos que resistir. A nivel comunitario se vería como pequeñas comunidades autónomas asociadas en red por beneficio mutuo. Comunidades que tienen su propia seguridad alimentaria, sus propias fuentes de energía, acceso a agua potable, y la posibilidad de que la gente se organice de manera que prefiera porque no hay un modelo que sirva para todos. De otra forma, también podría ser volver a hacer salvaje un lugar y el espacio para que aquellos que quieran cazar y recolectar y vivir salvajemente, puedan hacerlo sin entrar en conflicto con el mundo natural.



Básicamente, sería comunidades construidas en cooperación —no en perfecta armonía, pero con cooperación. La idea de que estamos criando a los niños en el mérito de la cooperación, no en sus méritos personales, que nos encargamos de las personas de edad avanzada, que nos encargamos del trabajo sucio, de la basura que generamos, de las cosas que creamos, y de mantener el planeta con prácticas realmente sostenibles más allá del petróleo barato. Todo esto se hace a pequeña escala e implica el cuestionamiento de todo lo que creemos que sabemos acerca de la civilización. También significa que el duro trabajo de «vigilancia» entre nosotros mismos, donde conocemos a nuestros vecinos y seguimos directrices en lugar de leyes, porque queremos y es de beneficio mutuo, y no porque algo o alguien nos obligue.



Estas son algunas de mis ideas de un futuro justo. Se necesita de todos nosotros para hacer esto. Nadie va a sacarnos de aquí. Vamos a tener que hacerlo nosotros mismos.

______

Scott Crow es un organizador comunitario, escritor, estratega y conferenciante que aboga por la filosofía y las prácticas del anarquismo para fines sociales, ambientales y económicos.

Hijo único de una madre de clase trabajadora, comenzó su trayectoria política en los movimientos anti-apartheid, pro-presos políticos y animalistas en la época de Reagan. Al final de los años 80 lideró dos grupos políticos de música industrial y electrónica y en los años 90 participó en un exitosa empresa cooperativa de antiguedades y arte.

Desde hace más de dos décadas no ha dejado de usar su experiencia y sus ideas en la co-fundación y co-organización de numerosos proyectos radicales de base en Texas, incluyendo Treasure City Thrift, Radical Encuentro Camp, UPROAR [United People Resisting Oppression and Racism], Dirty South Earth First! y el colectivo Common Ground, la mayor organización de influencia anarquista en la historia moderna los EE.UU. hasta la fecha.

También es autor del libro Blag Flags and Windmills: Hope, Anarchy, and the Common Ground Collective [Banderas negras y molinos de viento: esperanza, anarquía, y el colectivo Common Ground]


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