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Spray Paint the Walls: A #VansBookClub Review

By Wenceslas Bruciaga

#VansBookClub

February 14th, 2017

“Estamos hartos de que nos maltrates, ¡Tratar de detenernos no servirá de nada!” Rise Above

Black Flag es una declaración de principios, distanciados de la típica banda que habla de la hermandad de sus integrantes como si narraran el cuento más pinche diabético de Disney, y Spray Paint The Walls es La Biografía a leer de la banda más relevante del Hardcore,

Según cuenta Stevie Chick (periodista de revistas que han marcado tendencia en el periodismo musical como Mojo o The Guardian) en Spray Paint the Walls, Henry Garfield (verdadero nombre de Rollins) fue un niño maltratado por su padre que por como lo describe Chick, se puede deducir que poseía los mismo rasgos intolerantes y gañanes del Trump que tuitea acaso compitiendo con el tuitsar más simplón y bufonesco; además, Henry fue abusado sexualmente de niño, múltiples veces, quizás por eso desarrolló una rabiosa conducta hiperactiva que le hizo acreedor a una inscripción a la Academia Bullis (el nombre es absolutamente real) sólo para varones y dónde los castigos corporales eran tan comunes, como las sumas y restas en el pizarrón: “Pero debo admitir que aquello fue muy bueno para mi, realmente me benefició que alguien me dijera No significa no y tu te vas a quedar aquí sentado hasta que lo entiendas. Lo cierto es que Bullis desarrolló en mi una autodisciplina muy rigurosa… lo único malo es que no había chicas y eso fue muy duro… me molestaba ser tan socialmente inepto por culpa de haber estado separado de las chicas todos esos años. Además que… sólo soy un freak” dice Rollins en el libro de Chick. La disciplina aprendida en Bullis fue un factor determinante para Black Flag perfeccionara sus riffs y su caos veloz fuera perfecto.

Rollins no era el único. El fundador de Black Flag, Greg Ginn, hijo de un profesor de literatura del Harbor College y habitante de Hermosa Beach, California, también era un freak, pero en un sentido retraído y concentrado de los aparatos que pasaba el tiempo en solitario, reconstruyendo viejos radiotransmisores de la Segunda Guerra Mundial, a ese negocio de reparación y venta por correo a radioaficionados lo bautizó como Solid State Turner, SST:

Cuando era niño, pensaba que el rock era estúpido. Cuando Janis Joplin murió, ni sabía quién era. Yo estaba en la electrónica y escribiendo poesía” recuerda Ginn. Hasta que leyó un artículo de algo llamado punk en el Village Voice y su vida cambiaría para siempre. Después conocería al desmadroso y borracho Kieth Morris y el hermano de Ginn, Raymond Pettibon perturbado ilustrador que inventó las cuatro franjas de Black Flag emulando las banderas de los piratas y daría vida al concepto visual del grupo que terminaría inventando el hardcore bajo una simple premisa: tocar como si Black Sabbath tuvieran cuernos de chivo en lugar de guitarras; los trazos de Pettibon desafiaban los peinados gringos con sus violentas caricaturas, que destruían las postales del idílico sueño americano con sus escenas de policías mamando el cañón de una pistola o el padre de familia volándose los sesos frente a sus hijos. Pettibon fue el pintor oficial de la imagen de la primera generación del rock subterráneo norteamericano, desde el hardcore de Black Flaghasta la inmortal portada del Goo de Sonic Youth.

Ginn conocería después de descubrir al punk al desmadroso Keith Morris que a finales de los 70 sólo perdía el tiempo emborrachándose y metiéndose ácidos y surfeando porque en Hermosa Beach todo era tan estereotípicamente californiano, que hablar de punk era tan críptico e ininteligible como una fórmula física de los agujeros negros alrededor de Saturno:

Entonces, de repente, estamos listos para tocar, y el chico saca la puerta del garaje, como si fuera una cortina de madera, y comenzamos a dar guitarrazos. Y lo primero que pasa es que sucede es una pelea que estalla, como a unos cuantos centímetros de distancia. De repente, la gente empieza a preguntrase, ¿Qué es esta mierda? ¿Quiénes son estos chicos? Fue entonces cuando las botellas, las latas y las tazas vacías comenzaron a volar a través del aire, y el vaso se estrellí delante de mí, y se puso realmente salvaje. Había empezado la fiesta” recuerda Keith Morris.

La violencia fue el prejuicio que persiguió a Black Flag a lo largo de sus ochos años de trayectoria. Chick recuerda que la policía los odiaba con la misma saña que un Minutmen practica deporte cazando migrantes. De hecho, se cuenta que incluso el departamento de policía de Los Ángeles inventaron un código numérico que cuando se transmitía por la frecuencia policial significaba Black Flag está a punto de dar un concierto, las patrullas encendían la torreta y los fanáticos de Black Flag estaban dispuestos a partirse la madre con tal de defender su derecho a romper el aburrimiento y la marginalidad del California Dreaming a punta de moshpit. Fue este acoso lo que inspiró probablemente el himno de Black Flag, Rise Above “Estamos hartos de que nos maltrates, ¡Tratar de detenernos no servirá de nada!”.

Después se unirían personajes como Chuck Dukowski (quién co-escribió Spary Paint), Robo Valverde, un colombiano ilegal, Dez Cadena, Bill Stevenson (quien luego fuera batería de los Descendents), Kira Roesseler con la que se rumora Henry tuvo un fugaz romance.

Spray paint the walls no sólo es LA biografía (indispensable) de la banda que inventó el hardcore y que fue perseguido por la policía (tal y como ciertas autoridades pretenden perseguir hoy día a los inmigrantes en Estados Unidos, incluyendo mexicanos) por su inconformidad y rabia que tradujeron en riffs y gritos y madrazos que entusiasmaron a los surfistas aburridos de las promesas californianas, traidoras, de los comerciales perfectos y las películas con finales felices y las palmeras y la fama televisada ; Chick aprovecha la fábula de Black Flag para desenterrar los fuertes contrastes de California y ejercer una severa crítica social a sus espejismos hollywoodenses que conviven con la miseria y sobrexplotación de los inmigrantes mediante una historia de precisión tan exacta como libro de texto. La parte en como revisa la fundación de California permite una reflexión para entender su contexto multicultural, sus gruesas venas mexicanas que circulan desde 1865 y su constante deseo de separarse de los Estados Unidos y fundarse como un país propio.

También contrapone el circuito de música independiente contra la industria comercial que por aquellos días dominaba casi todo el espectro de la Frecuencia Modulada, sentando las bases de lo indie: “El rock de masas consistía en vivir a lo grande; el indie, en vivir de forma realista y estar orgulloso de eso. Los grupos indie no necesitaban presupuestos promocionales de millones de dólares ni múltiples cambios de vestuarios. Lo único que necesitaban era creer en ellos mismos y que unos cuantos más creyeran en ellos” reflexiona Michaek Azerrad en el libro de Chick, el libro incluye adictivas entrevistas con todos ellos más citas de legendarios fanzines que fueron la hemeroteca oficial. Auténticos vetados en la era Trump y un jugoso y valiosísimo acervo fotográfico

Un libro que mas allá de ser la delicia de los melómanos, los punketos, los seguidores de Black Flag, a los que nos cambió la vida Black Flag, editado por PM Press editorial especializada en títulos contestarlos e iconoclastas que cuestionan el sistema gringo desde sus tripas.  Son páginas para reflexionar sobre la resistencia a la autoridad que pretende imponer un orden según sus prejuicios y pisoteando las libertades

Si, otra vez, Black Flag. Porque es la mejor banda de hardcore, lo que el punk siempre debió ser; porque ahora que el fascismo intransigente y enajenado con el patriotismo despótico y xenófobo y acosador de lo desigual se ha apoderado del país más poderoso del mundo que por mucho tiempo fue el atlas de las promesas doradas, las fantasías de glamur y el sueño más anhelado, es vital para sobrevivir al tsunami fascista que se viene, la beligerancia ideológica que fue la insignia de Black Flag, por encima de sus muros de ruido y su agresividad vocal y los reconcomios de sus errantes miembros, que fueron integrantes de una banda, pero nunca compadres. Lo importante era transmitir el mensaje: “si no te gusta el sistema, invéntate uno”.

Un libro que inspira a crear nuestro sistema.

Y porque Henry Rollins sigue estando bien pinche bueno y su sabrosura aumenta conforme su cabello se pinta de canas.

Nota del Ed. : Wenceslao nos pidió que  “por favor, por favor, por favor” pusiéramos esta foto de su tatuaje de Black Flag.


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